Mes: julio 2016

Granada, 10 meses y una vida

¿Recuerdas qué te llevó hasta aquí?

¿Recuerdas por qué viniste?

¿Recuerdas por qué te vas? 

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Debería haberte escrito antes o debería haberte dedicado unas palabras antes de irme, pero mírame, aquí estoy nueve días después de salir de entre tus brazos, y yo aquí como si nunca me hubiera ido de tu lado. Pero mírame, si todavía creo que no es verdad, todavía, creo que mañana te veré amanecer. Pero supongo que los sentimientos, como cualquier buen cocido, debe dejarse reposar. Que se vaya enfriando, que las experiencias cocinadas a 180º vayan absorbiendo el sabor de otros ingredientes. Que los matices definan los recuerdos y como pasa con la comida, los recuerdos hechos con amor, también saben mejor.

Aunque te diré mi Granada querida, que estos casi 900 km de distancia se miden en recuerdos que saben a ti, esos que cuando cierras los ojos aparece una sonrisa que dibuja la cara. Esos, que cuando haces el balance de lo vivido por lo sentido, descubres que pesa más la felicidad que el dinero que te puedan dar.

Mi Granada, aunque sé que estás en alguna parte, para mí lo estás en todas. En cada sonrisa que veo, en cada calle por donde paseo, en cada voz que escucho, en cada todo, mucho.

De ti aprendí, que no existe un orden lógico de los sentimientos. Fíjate en mí que empecé a echarte de menos antes de irme y a pesar de irme todavía no me he despedido de ti.

Por eso hoy, ya de vuelta a casa y tras una gran experiencia vivida veo todo lo que me ha dado esta pequeña gran vida granadina. Pero sobretodo me doy cuenta que, esta aventura que empezó con una página en blanco a la que le cayeron una lluvia de ideas, ni un relámpago en ese momento me habría iluminado mostrándome todo lo que estaba por vivir.

Han pasado 10 meses desde que llegué a Granada, fueron vividos tan rápidos, que parece que hayan pasado 10 minutos, tan intensos que parece que hayan pasado 10 años.

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Alhambra en primavera

Y aunque quizás algún día olvide qué me trajo hasta aquí, no dejaré de recordar qué me llevo ahora que ya no estoy ahí.

Granada ha llenado mi vida de color, sabor y emoción.

Granada ha hecho de mi una persona más plena, fuerte y feliz.

Granada ya es parte de mí, por eso:

Luego no te extrañe que te eche de menos, que te recuerde a menudo o sienta nostalgia, luego no te extrañe que derrame algunas lágrimas por aquello que fue, por lo todo lo que viví, por todo y por tanto que tengo de ti en mí.

Ahora que digiero esta experiencia entiendo que las cosas buenas no hay que comprenderlas, tan sólo hay que vivirlas. Y que el mejor plan es dejarse llevar; por la gente, el momento y el lugar.

Como también aprendí que, creyendo que partir era encontrar respuestas, comprendí que partir también sirve para encontrar razones. A veces decides partir de un lugar para echar de menos lo que un día echaste de más o decides partir para alejarte de lo común, diario y cotidiano y resulta que a veces nos alejamos para volver con ganas de sentir todo aquello que estaba olvidado.

Al fin y al cabo mis 10 meses y una vida en Granada ha sido una feliz etapa en mi vida. Será por esto que la vida, que entre otras cosas, es un conjunto de etapas; unas más largas y otras más cortas pero todas tienen algo en común, todas tienen un inicio y un final. Y ese final puede cerrarse con un portazo o  dulcemente pero yo he preferido dejar la puerta entre abierta, no vaya a ser que vuelva. Aunque como siempre he dicho, “todo final es un nuevo inicio”. Por eso espero que nunca falten fuerzas para emprender nuevos caminos, otras etapas o diferentes vidas. La vida son etapas y las etapas son los caminos de la vida.

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Mezquita de Granada

Bendita mi suerte, bendito el olor a azar.

 

Ni contigo ni sin mí

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La belleza también puede ser oscura

Ya no es un contigo si es un sin mí. Ya no hay un nosotros si tú no estás aquí. Por eso dile dónde estás a mi corazón, que desde que entré en el laberinto de tu confusión lo perdí a él, y también nuestro latir.

Y es que entre tanta perdición también perdí algo más, perdí la cuenta de tanto cuento, la perdí y no me di ni cuenta. Y en este cuento que ya nada cuenta todo lo que te presté estuvo de vuelta.

De vuelta estuvo mi piel, que se la presté a un contigo y me la devolví a un sin ti. Le presté mis labios, mi tiempo y mis sentimientos que los tuve de vuelta cuando tú dejaste de prestármelos a mí.

Y en ese dejar de estar y de venir se quedó una esperanza a medio sentir al compás de un latido que quedó sin vivir. Y sin vivir me quedé, cuando seguía tus huellas a pesar de saber que al final tú nunca estarías ahí de pie.

Con la emoción desencajada y en la memoria unas risas olvidadas, mi rostro mostró una sonrisa helada. Una sonrisa que nació a medias, una parte que era mía y la otra que te la llevaste tú. Esa sonrisa mía que a veces fue tan tuya. Porque ya sabes, a esta sonrisa le pasó como a mi felicidad, sólo sabías dármela tú.

También te llevaste las palabras y dejaste los silencios esos que chillaban por las noches y dejaban los sueños rotos. Te llevaste un futuro y dejaste mi presente apostando a todo o nada. Todo por nosotros y nada por mí. Y hasta por llevarte, te llevaste una idea, esa que creía que lo nuestro sería eterno. En cambio dejaste ese espacio que quedó entre tú y mi estado emocional. Ese todo fraccionado en una mitad, una parte muy fría y la otra sentimental.

Ya no es un contigo si es un sin mí. Porque de esos pedazos rotos que quedaron de mí, descubrí algo nuevo con lo que logré unir. Unos trozos de una asimetría emocional, desgastada por la lucha y olvidada por haberla dejado llevar. Por suerte en la construcción de un nuevo latir me asombró que tras tu ida me dejaste a mí. A mí y un yo conmigo misma, en eso fue en lo que me convertí.

Te fuiste tú con nuestros sentimientos desgastados, pero me quedé yo con unos momentos curados. Curados mis recuerdos y curada yo. Curadas mis ilusiones y curada yo. Curada yo, y mi vida también.

Por eso, tras esta guerra emocional, gobernada mi vida por la razón, la democracia votó a favor de la ilusión. Una ilusión que se convirtió en amor, amor por una misma. Por los sueños que quedaban por cumplir, por los retos que quedaban por abatir, por los momentos que quedaban por vivir.

Y tras esta batalla sentimental a mi felicidad le pasó como a mi respirar, soy yo quien me la da.

Recuerda entonces, échale valor o échale imaginación pero si empiezas sin un contigo acabarás con un sin ti. Por eso empieza por creerte, que tú eres más verdad que todas las mentiras creídas y sigue por amarte a ti también, que amarse a uno mismo será empezar a amar por encima de todas las cosas. Porque descubrir el amor propio es descubrir un amor incondicional.