Viaje a Marruecos (Parte II)

Viajo menos de lo que quisiera pero siempre termino aprendiendo más de lo que me esperaba.

 


Si bien el anterior post era titulado, “Viaje a Marruecos (Parte I)” era de esperar que hubiera una parte II, aunque lo que no era de esperar, era esta eterna espera.
Sin más prólogos innecesarios daremos comienzo a esta segunda parte.

Los días pasaban y las emociones y la felicidad sumaban, día tras día la satisfacción y la alegría compartida nos acompañaban en este viaje de rutina vencida.

Seguimos con las rutas por las montañas. Prorrogamos el tiempo de compañía tras las cenas y las charlas divagaban entre vidas desconocidas que por unos días se hicieron vidas amigas.

Recuerdo vivir tan intensamente esa semana que hasta me olvidaba de las horas y los días. ¡Qué gran sensación la de perderte entre fechas y días! Total, qué más daba si ahí lo que contaban no eran los días sino las emociones sentidas.

Viajar es tener y dejar ir, disfrutar sin retener. 

 

Una de las mejores sensaciones de viajar es dejarte llevar, es no saber dónde vas a llegar. Y ahí está uno de los ingredientes secretos de viajar; la ignorancia del qué vendrá, de aquello que verás. La ignorancia al viajar es tomar un lienzo blanco que se coloreará a medida que tus ojos llenen ese cuadro blanco de matices de realidad. Por eso, la explosión de colores será mayor cuan más blanco sea el lienzo en la partida inicial.

Sé que resulta reconfortante y tranquilizador empaparte de guías turísticas o mil búsquedas en Internet del lugar al cual viajarás, pero entonces, ese lienzo ya lo habrás empezado a dibujar, y lo que pasará cuando llegues al lugar será pintar sobre lo dibujado y a veces eso, crea un cuadro algo borroso de la mezcla del tinte de ficción y realidad.

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Dejándome sorprender por las vistas de Imlil

 

Las excursiones por ese pequeño territorio africano además de ofrecerme un paisaje maravilloso también me brindó una de las sensaciones que me produce más contradicción en  el senderismo.

Por un lado, la incomodidad de la fatiga y el cansancio, sí, aquella sensación en la que pensamos que nos saldrá el pulmón por la boca si seguimos exhalando como si no hubiera un mañana.

Pero por otro lado, me fascina ese momento en el que siento mi corazón en cada una de las partes de mi cuerpo; pasando por mis pies, mis manos, y mis orejas….donde escuchando, oigo esa banda sonora interior que hace de ese presente un himno en mi mente.

botas

 

 Hay pisadas que dibujan huellas y huellas que marcan la vida.

 

Después de nuestra estancia en Imlil, el quinto día, nos pusimos rumbo hacia la ciudad de Marrakech en la que estuvimos sólo por un día.

Pero… como sé sacarle provecho a las ocasiones y puedo hacer intenso un corto instante puse a toda marcha mis pies y recorrí todo lo que pude esa laberíntica ciudad.

Marrakech nos dio una húmeda y lluviosa bienvenida pero además de precipitarse las gotas de agua también lo hacían nuestras piernas. Nada nos impedía seguir el rumbo de nuestra visita por esa ciudad mítica.

Marrakech es color que se asoma bajo la estela gris de un día lluvioso, es olor a mil y un aromas aunque el viento fresco de la lluvia airee el cálido ambiente de cercano desierto. Marrakech es bullicio en el Zoco y agitación en la Medina, es vida en la Plaza de Jamaa el Fna a pesar de los chubascos. Es regatear, perderse por esas callejuelas y asombrarse por el arrollador desparpajo de color y sabor.

Es hacer una pausa, y tomarse un té.

No hubo tiempo para mucho pero de lo poco, lo exprimimos como nadie.

Aquí va el vídeo donde puedes ver el gran lío de las calles de Marrakech

Un día más de viaje, uno menos de vacaciones y el tic tac del reloj anunciaba la cuenta atrás de esta aventura.

Nos despertamos en Marrakech para emprender el vuelo… ¡bueno el bus! para dirigirnos rumbo hacia la costa. Assilah nos esperaba.

 

Asilah, Assilah o Arcila… ¡Dios! de cuántas maneras se puede escribir esta ciudad. Aunque supongo que una ciudad tan bonita también merece tener tantas formas de llamarse como de bellezas está rodeada.

Esta ciudad costera de Marruecos es una sorpresa para los ojos viajeros. Pequeña pero llena de encanto, en la que en cada esquina encuentras un filo de belleza como de tanto en tanto. Sus casas pintadas de un blanco celestial, un azul brutal, una arquitectura espectacular dejan al espectador hechizado por esa población tan especial.

 

 

Uno de los imprescindibles en Asilah: Ir al mirador para ver atardecer, un espectáculo visual.

Hay cosas que con verlas una vez no es suficiente. Como las puestas de sol, dos jamás serán iguales.

 

La vida para mi es un viaje emocional y este viaje me transportó a las emociones más positivas, al extremo de la felicidad, al punto cardinal de la alegría y la libertad. A uno de mis mejores viajes “emocional


Datos prácticos: El (mi) hospedaje

  • Rabat:  “Hotel Bouregreg”, conexión wifi, buen desayuno, limpieza correcta.
  • Imlil: “Riad Imlil“, conexión wifi sólo en el salón, magnífico desayuno, limpieza correcta.
  • Marrakech: “Hotel Grand Imilchil“, conexión wifi floja, desayuno correcto, limpieza correcta.
  • Asilah: “Hotel Al Khaima“, conexión wifi buena en la entrada, floja en las habitaciones, desayuno correcto, limpieza correcta.
  • TODOS LOS HOTELES FUERON DE CATEGORÍA TURISTA, 2-3 ESTRELLAS. No se pueden exigir milagros cuando pagamos poco así que mi valoración en general es de satisfacción. Si la cuestión es, si volvería a alojarme en estos mismos lugares, mi respuesta es SÍ.

 

GRACIAS POR ACOMPAÑARME UNA VEZ MÁS EN ESTE VIAJE EMOCIONAL

¡HASTA LA PRÓXIMA!

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2 comentarios en “Viaje a Marruecos (Parte II)

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