Viaje a Marruecos (Parte I)

…me gusta respirar rápido y vivir lento, comerme la vida y saborear su aroma.


Llega el momento de emprender un nuevo viaje y mi corazón se acelera.  Calculo… 60 emociones por minuto.

Otra cardiopatía emocional, que alguien avise a un médico, que me voy de la sala de inespera rumbo a urgencias de viajar.

Esta vez no debo ocuparme de la organización, en este viaje sólo debo dejarme llevar. La Universidad de Granada, el Centro de Actividades Deportivas nos lleva a Marruecos ¡con un pack genial!

Tendremos seis días por delante donde conoceremos no sólo un país nuevo u otra cultura y maneras de hacer,  también descubriremos nuevos rincones y experiencias por vivir.

…no voy a contar con detalle el cronograma del viaje, ya sabéis éste no es un blog de viajes, es un viaje hecho blog. Así que para tener más información del recorrido y actividades os dejo el enlace.

Eso sí, os contaré cómo lo viví, qué sentí o qué pensé en este viaje.


 

Cuando viajamos una, dos o un grupo de personas a un mismo destino jamás vivimos un mismo viaje. Aunque las mismas personas vayan al mismo destino vacacional, lo recorran, lo disfruten y se dejen perder por el mismo lugar, siempre encontraremos que habrá tantos viajes como personas lo vivan.

Viajar no es ir a un lugar, es vivir ese lugar.


 

Un viaje de siete mañanas y seis noches…

Siete despertares, de los cuales ninguno me despertó el reloj. Me despertaban más las ganas que las horas, aunque durmiera poco o durmiera mal, cada mañana me levantaba antes que sonara el despertador. Las horas dormían cuando yo me levantaba,  un nuevo día se alzaba y yo con él despertaba mis ganas.

Rabat… Imlil… las montañas del Atlas… Marraquech y Asila fueron los lugares por los que me dejé perder… y sorprender.

Despertarse en una ciudad y acostarse en otra.

Ver el mar y terminar viendo la nieve blanca de las altas montañas.

Sentir la templada brisa de la playa y el escalofriante aire de las alturas.

Al traste con los contrastes qué tontería con tanta diferencia si lo que enriquece es la diversidad. Para mí, que la rutina no es el orden, sino caos interior. Para mí, que cuando viajo, en ese vivir sin tiempo, sin rumbo y sin pautas, encuentro sin embargo mi equilibro vital.

Cruzar el estrecho (de Gibraltar) no es solo cruzar 14,4 km de mar.

No es cambiar de continente, también es cambiar de contenido.

Las personas viajamos pero también con ello lo hacen las ideas… y los prejuicios de la diferencia.

El paternalismo se asoma por las orejas y oigo a más de uno decir… “pobres ellos que viven así o asá”, “hay que ver lo atrasados que están, parece que viven un siglo atrás” y así otras perlas llenas de amor a esta cultura y sociedad tan lejana y diferente. (Ironía modo on, modo on… )

Me pregunto cómo, tan sólo 14 casi 15 kilómetros de distancia nos pueden separar tanto.

No es una distancia física, también conceptual. 

Llenamos tanto nuestras cabezas de ideas y las saturamos tanto de perjuicios que si antes de partir la vaciáramos, al menos un poco, dejaríamos lugar a nuevas perspectivas y conocimientos que nos harían disfrutar más.

Como en ese momento en el que dijeron que los bereberes son pobres. ¿Pobres? Qué quieren decir con pobres… ahí salió la antropóloga que llevo dentro, fuera y por todos los costados de mi ser.

Pobre, es un concepto socio-económico que se asume a aquellas personas que no tienen los recursos suficientes para alcanzar las necesidades básicas diarias. “Pobre” eres tú que no ves que la cantidad no hace la calidad y que quizás ellos con menos posesiones que tú tienen una vida más rica y plena de lo que con tus ideas neocapitalistas podrías alcanzar.

—Fin del discurso moral. Perdonad pero como sabréis aunque viajemos no todo tiene porque ser de color de rosa. Pero sí, todo lo demás fue maravilloso.

Todo lo demás…

Cruzar la frontera, todo un yacimiento etnográfico para tener en cuenta. Ese territorio de transición, de NO lugar, de registro, barrera y control. –Fascinante–

La experiencia de llegar a Rabat y no entender cómo se aclaran en la carretera sin accidentarse, cómo no se les ha fundido ya la bocina del coche o cómo se las arreglan para no perderse en sus medinas.

 

Llegar a Imlil, descubrir un poblado berebere y distinguir esas casas camufladas con el paisaje montañoso.

 

 

Subir y recorrer el Atlas, ver la nieve y los burros pasar. Pararse por las distintas chozas del camino hacia la cumbre y preguntarse; ¿Cómo es posible que haya tantas “tiendas” por el camino? Comida, bebida, ropa y demás complementos y suvenirs no faltaban hasta llegar a los 3.207metros de altura a los que llegamos con una amplia y ancha sensación de satisfacción.

Bajar de nuevo al poblado y adentrarnos en una blanca pero no más amigable visión de una neblina que venía a nuestra invasión. Unos metros más en nuestro descenso nos introducimos en esa niebla que nos redujo nuestra visibilidad pero no con ello nuestro entusiasmo y felicidad.

 

Como la experiencia fue larga y el blog es corto dejaré para mi próximo post la continuación de este viaje, sus rincones y emociones.

…¡Hasta pronto!

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2 comentarios en “Viaje a Marruecos (Parte I)

    1. Carme!!! Com m’alegra llegir-te! M’encanta saber que les meves paraules t’han transportat de nou al Marroc. Espero, perquè penso que es una molt bona idea, que algun dia poguem recorre aquest magnífic país juntes! ^^

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