Mes: marzo 2016

Viaje a Marruecos (Parte I)

…me gusta respirar rápido y vivir lento, comerme la vida y saborear su aroma.


Llega el momento de emprender un nuevo viaje y mi corazón se acelera.  Calculo… 60 emociones por minuto.

Otra cardiopatía emocional, que alguien avise a un médico, que me voy de la sala de inespera rumbo a urgencias de viajar.

Esta vez no debo ocuparme de la organización, en este viaje sólo debo dejarme llevar. La Universidad de Granada, el Centro de Actividades Deportivas nos lleva a Marruecos ¡con un pack genial!

Tendremos seis días por delante donde conoceremos no sólo un país nuevo u otra cultura y maneras de hacer,  también descubriremos nuevos rincones y experiencias por vivir.

…no voy a contar con detalle el cronograma del viaje, ya sabéis éste no es un blog de viajes, es un viaje hecho blog. Así que para tener más información del recorrido y actividades os dejo el enlace.

Eso sí, os contaré cómo lo viví, qué sentí o qué pensé en este viaje.


 

Cuando viajamos una, dos o un grupo de personas a un mismo destino jamás vivimos un mismo viaje. Aunque las mismas personas vayan al mismo destino vacacional, lo recorran, lo disfruten y se dejen perder por el mismo lugar, siempre encontraremos que habrá tantos viajes como personas lo vivan.

Viajar no es ir a un lugar, es vivir ese lugar.


 

Un viaje de siete mañanas y seis noches…

Siete despertares, de los cuales ninguno me despertó el reloj. Me despertaban más las ganas que las horas, aunque durmiera poco o durmiera mal, cada mañana me levantaba antes que sonara el despertador. Las horas dormían cuando yo me levantaba,  un nuevo día se alzaba y yo con él despertaba mis ganas.

Rabat… Imlil… las montañas del Atlas… Marraquech y Asila fueron los lugares por los que me dejé perder… y sorprender.

Despertarse en una ciudad y acostarse en otra.

Ver el mar y terminar viendo la nieve blanca de las altas montañas.

Sentir la templada brisa de la playa y el escalofriante aire de las alturas.

Al traste con los contrastes qué tontería con tanta diferencia si lo que enriquece es la diversidad. Para mí, que la rutina no es el orden, sino caos interior. Para mí, que cuando viajo, en ese vivir sin tiempo, sin rumbo y sin pautas, encuentro sin embargo mi equilibro vital.

Cruzar el estrecho (de Gibraltar) no es solo cruzar 14,4 km de mar.

No es cambiar de continente, también es cambiar de contenido.

Las personas viajamos pero también con ello lo hacen las ideas… y los prejuicios de la diferencia.

El paternalismo se asoma por las orejas y oigo a más de uno decir… “pobres ellos que viven así o asá”, “hay que ver lo atrasados que están, parece que viven un siglo atrás” y así otras perlas llenas de amor a esta cultura y sociedad tan lejana y diferente. (Ironía modo on, modo on… )

Me pregunto cómo, tan sólo 14 casi 15 kilómetros de distancia nos pueden separar tanto.

No es una distancia física, también conceptual. 

Llenamos tanto nuestras cabezas de ideas y las saturamos tanto de perjuicios que si antes de partir la vaciáramos, al menos un poco, dejaríamos lugar a nuevas perspectivas y conocimientos que nos harían disfrutar más.

Como en ese momento en el que dijeron que los bereberes son pobres. ¿Pobres? Qué quieren decir con pobres… ahí salió la antropóloga que llevo dentro, fuera y por todos los costados de mi ser.

Pobre, es un concepto socio-económico que se asume a aquellas personas que no tienen los recursos suficientes para alcanzar las necesidades básicas diarias. “Pobre” eres tú que no ves que la cantidad no hace la calidad y que quizás ellos con menos posesiones que tú tienen una vida más rica y plena de lo que con tus ideas neocapitalistas podrías alcanzar.

—Fin del discurso moral. Perdonad pero como sabréis aunque viajemos no todo tiene porque ser de color de rosa. Pero sí, todo lo demás fue maravilloso.

Todo lo demás…

Cruzar la frontera, todo un yacimiento etnográfico para tener en cuenta. Ese territorio de transición, de NO lugar, de registro, barrera y control. –Fascinante–

La experiencia de llegar a Rabat y no entender cómo se aclaran en la carretera sin accidentarse, cómo no se les ha fundido ya la bocina del coche o cómo se las arreglan para no perderse en sus medinas.

 

Llegar a Imlil, descubrir un poblado berebere y distinguir esas casas camufladas con el paisaje montañoso.

 

 

Subir y recorrer el Atlas, ver la nieve y los burros pasar. Pararse por las distintas chozas del camino hacia la cumbre y preguntarse; ¿Cómo es posible que haya tantas “tiendas” por el camino? Comida, bebida, ropa y demás complementos y suvenirs no faltaban hasta llegar a los 3.207metros de altura a los que llegamos con una amplia y ancha sensación de satisfacción.

Bajar de nuevo al poblado y adentrarnos en una blanca pero no más amigable visión de una neblina que venía a nuestra invasión. Unos metros más en nuestro descenso nos introducimos en esa niebla que nos redujo nuestra visibilidad pero no con ello nuestro entusiasmo y felicidad.

 

Como la experiencia fue larga y el blog es corto dejaré para mi próximo post la continuación de este viaje, sus rincones y emociones.

…¡Hasta pronto!

¡Faro oh Faro!

Tú, mi luz, mi guía

El alma que me ilumina

Tú, mi señal, mi alegría

Qué tendrá tu soledad que me da tanta compañía

 

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Faro de Sacratif, Granada

Los faros son los edificios más románticos de nuestro paisaje costero, lugares de peregrinación y meditación marinera, cuya luz ha guiado el rumbo de miles de barcos a lo largo y ancho de los mares”

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Far de S’Arnella, Port de la Selva, Girona

Hace ya algunos años que nació en mí una especial admiración hacia los faros. No sé cómo ni de qué manera, ni cuándo ni por qué vi en estos edificios la belleza de la soledad, la fuerza de la naturaleza, la sencillez de la construcción.

No sé responder a estos interrogantes pero sí sé que la respuesta a esta admiración ha sido plantearme un reto; visitar todos los faros que hay tanto en la península española como en sus territorios insulares.

187 faros son el total de luces que nos rodean en las costas españolas y 187 visitas serán las que realizaré a lo largo de…. ¿mi vida? Si bien, me he propuesto este objetivo también debo decir que no me he planteado una fecha límite, ya se sabe antes están las obligaciones. Pero no desistiré. Por ahora tengo el orgullo de poder decir que he visitado 26  de los 187 faros, es decir todavía me faltan por visitar (y fotografiar, por supuesto) 161 faros más.

Todavía no sé qué tienen esos edificios que tanto me llaman la atención. No sé qué tienen que les tengo cierta devoción

Algunos datos de interés

1. Tenemos la suerte de tener el faro en funcionamiento más antiguo del mundo, y ¿sabes dónde está? Ni más ni menos que en las maravillosas tierras gallegas. La Torre de Hércules, situado en la costa de A Coruña, fue construido por allá el siglo I. Este faro de construcción romana entraña algunas mitologías y leyendas, de las cuales os dejaré la que ha tenido mayor afluencia.

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Torre de Hércules, A Coruña, Galica

Según la leyenda, el legendario héroe griego vino en busca del gigante Gerión que reinaba sobre las tierras comprendidas entre el Duero y el Tajo, con el fin de liberar al pueblo de su poder desmedido. El enfrentamiento entre ambos duró tres días con sus correspondientes noches, al cabo de las cuales Hércules venció al gigante, cortó su cabeza y la enterró junto al mar. Para conmemorar su victoria construyó sobre el túmulo una torre-faro y en las proximidades del mismo fundó una ciudad a la que le dio el nombre de Crunia, como recuerdo de la primera mujer que habitó este lugar y de la cual el héroe se enamoró.”

2. Aquellos que tenemos un poco de información… y curiosidad, sabemos que, también en Galicia, se encuentra el faro donde terminaba la Tierra; el Faro de Finisterre. Pero lo que pocos saben es que el faro más meridional del territorio español no se encuentra en la península, sino en la isla del Hierro; el Faro de Orchilla. Este faro se sitúa en el meridiano 0º, el punto más occidental, tal y como aparece en los primeros mapas  de las tierras exploradas elaborados por la Escuela Alejandrina y Tolomeo.

3. Disponemos de algunos faros con hoteles a su alrededor, un magnifico paisaje por cierto, pero a pesar que en el 2013 el Ministerio de Fomento anunció un plan para aprobar que los faros pudieran convertirse en hoteles, todavía no tenemos la posibilidad de alojarnos en el interior de uno de ellos. Existen algunos proyectos de alojamiento pero su posibilidad se verá en un futuro muy cercano. Y no, ¡no me voy a perder esta experiencia por nada del mundo!

4. Por cierto, ¿Sabes cómo se llama la persona que trabaja (bueno, trabajaba, tenemos que tener en cuenta que es un trabajo en futura extinción) en un faro? Pues no, no es farero, es técnico mecánico en señales marítimas. ¡Ah! También debes saber que el profesional del mundo de las luces marítimas debe ser además, albañil, electricista y mecánico por supuesto.

Ser farero no es una profesión es un estilo de vida

 

5. A propósito de los fareros… ¿Y las fareras? Pues bien, lo difícil no ha sido encontrar a una farera, que la hay sino encontrar cuántas. “Once mujeres opositaron a fareras”, explicaba el periódico, de éstas, Cristina mujer farera, comentaba que ella fue una de las tres seleccionadas. Pero…insisto, ¿cuántas hay? Tres fueron las fareras por elección, pero cuántas lo fueron por relación. A mi modo de entender, las mujeres de los fareros, también son fareras.

“Soledad para mí es libertad, porque eres la propia dueña y señora y bajo tu responsabilidad sabes que están vidas humanas y que tienes que tener una entrega supina”

Cristina Fernández (Camariñas, A Coruña)
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Faro Punta Nati, Menorca

¿Sabes…? Los faros son como algunas personas,

iluminan todo el día, pero solo se aprecia su luz por la noche,

cuando más la necesitas.